EL 24 DE MARZO: NO ES UN FERIADO MÁS, ES MEMORIA



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Hay fechas que no son para festejar.
El 24 de marzo es una de esas.

A veces vemos que para muchos es un feriado más, un día para juntarse, hacer un asado o descansar. Y está bien juntarse, nadie le va a decir a otro qué hacer en su día libre.
Pero también está bueno saber por qué ese día no se trabaja.

El 24 de marzo se recuerda el inicio de una de las etapas más oscuras de nuestro país: el Golpe de Estado de 1976.
A partir de ahí comenzó una dictadura que persiguió, secuestró, torturó y desapareció a miles de argentinos.



No es un día para festejar.
Es un día para recordar y no olvidar.


Yo era chico en esa época.
Y si tengo que ser sincero, en la escuela no nos decían nada. No sabíamos bien qué estaba pasando.
Con el tiempo fuimos entendiendo. Muchas cosas se supieron después, cuando volvió la democracia y la gente empezó a hablar.

Y ahí apareció algo que hay que destacar siempre: la lucha de gente común que no se quedó callada.

Las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo.
Personas que salieron a buscar verdad cuando el miedo era grande y el silencio era lo más fácil.

Gracias a ellas se supo lo que pasó.
Gracias a ellas muchos nietos recuperaron su identidad.


También está bueno aclarar algo que a veces se dice mal:
los derechos humanos no son para algunos sí y para otros no.

Los derechos humanos son para todos.
Y lo que se condena es cuando el propio Estado, que debería cuidar a su gente, es el que persigue, tortura o hace desaparecer personas.

Eso no puede pasar nunca más.


No escribo esto para defender a ningún partido ni para entrar en discusiones.
Lo escribo como un ciudadano común, como alguien que vivió parte de esa historia sin entenderla del todo en su momento, y que después fue conociendo la verdad.

Porque hay algo que es simple:

Los pueblos que olvidan, tienden a repetir conductas.


El 24 de marzo no es un día de festejo.
Es un día de memoria.

Para recordar a los que no están.
Para acompañar a los que siguieron luchando.
Y para que, entre todos, podamos decir de verdad:

Nunca más.


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