Desde nuestra sección “La tribuna del pueblo” queremos abordar un asunto de actualidad que nos atraviesa a todos. No somos expertos; hablamos desde el lugar de la gente común, que trabaja, que viaja en bondi, que quiere que los pibes estén en un club, de los que están convencidos de que otra solución es posible porque alguna vez se implementó y dio resultado, y también de los que arrancan el día laboral escuchando malas noticias que cambian el humor.
¿Porque pasa siempre lo mismo?
Hay un hecho de inseguridad fuerte (un robo violento, una muerte absurda por un par de zapatillas) y se arma el clima. Y ojo, es lógico indignarse. El problema no es la bronca. El problema es qué hacemos con esa bronca.
Prendés la radio temprano y el partido arranca así: muerte, robo, accidente fatal, incendio, a los diez minutos, la misma jugada repetida, al rato otra vez. Al final del día fue un hecho, pero en la cabeza parecen mil.
Sumale que si es verano te dicen que el calor va a ser insoportable, y si es invierno que se viene el Apocalipsis climático. Listo: saliste a la calle cruzado.
Desde ese lugar nos empiezan a vender soluciones rápidas como por ejemplo: bajar la edad de imputabilidad.
Nos dicen que es lo que la gente pide. Que es la única salida. Que así se termina el problema.
Pero en esta "tribuna" tenemos que decirlo claro: eso no funciona.
Meter pibes de 12 o 13 años en el sistema penal no baja el delito. No pasó nunca, en ningún lado. Lo único que hace es arruinarles la vida más temprano y fabricar delincuentes adultos.
Y hay algo que todos sabemos, aunque nadie lo diga en voz alta. Si hay un robo, llega la policía y si a unos metros hay una persona bien vestida de traje y un pibe de gorrita, todos sabemos a quién van a mirar primero. No porque tengan pruebas, sino por prejuicio.
Mientras en los distintos ámbitos se discuten cárceles para menores, casi no discutimos, ¿por qué esos pibes dejaron la escuela?, ¿por qué no hay laburo digno como horizonte?, ¿por qué el Estado aparece solo con patrulleros?.
Y acá viene algo que muchos se olvidan: en este país ya se hizo otra cosa.
Hubo una época en la cual la seguridad no arrancaba en la comisaría. Arrancaba en el club, en la escuela, en el barrio.
Había pibes que estudiaban, aprendían un oficio, cobraban un sueldo y veían un futuro posible.
Pero eso no lo decimos nosotros.
Lo decía Juan Domingo Perón:
“Nosotros no tuvimos delincuencia infantil. ¿Por qué?
Porque en Buenos Aires más de 50.000 muchachos tenían sus clubes. Se crearon 90 clubes de barrio donde tenían, en lo posible, cancha de fútbol, de básquet, boxeo, gimnasia; en fin, todas las actividades deportivas. Esos clubes los hacía el Estado y se los entregaba a los vecinos, que los administraban y los llevaban adelante.Por otra parte, las escuelas profesionales, donde el chico iba, recibía un salario y a la vez estudiaba. Después de recibirse de operario, iban a la fábrica y estaban tres años. De ahí podían pasar a las escuelas de aplicación, que eran escuelas para formar sobreestantes, jefes de talleres, etc. Después de estar allí, iban nuevamente a la industria y estaban dos o tres años, y entonces tenían derecho a ingresar a la universidad obrera, de donde salían ingenieros de fábrica en cada una de las grandes especialidades de la industria.
Eso fue para la masa. Es decir, en esto se contempló un panorama de conjunto y se hizo la conquista más grande: fue que allí la universidad se llenó de hijos de obreros, donde antes estaba solamente admitido el oligarca."
Eso no era mano dura era inclusión de verdad. Hoy nos quieren convencer de que la única salida es castigar más temprano.
Pero nostros de esta tribuna nos hacemos una pregunta simple:
¿a quién le conviene una sociedad enojada, asustada y malhumorada, que decide desde el miedo?
La inseguridad no se arregla metiendo pibes presos cada vez más chicos, se arregla con educación, laburo, clubes, comunidad y Estado presente.
Eso ya se probó y funcionó, pero además hizo una sociedad mejor.







