En una tarde de domingo primaveral, donde el sol iluminó el césped parejo del “Volcán”, con tribunas llenas, alentando de un lado y de otro con el corazón lleno de esperanza y la pasión a flor de piel, por sus colores.
Cultural Argentino, con la obligación de no dejar pasar esta oportunidad histórica, de volver a una primera división que lo supo tener como uno de los máximos exponentes y protagonista principal, cosechando logros muy importantes en la historia de la Liga Pampeana.
Por el lado de la visita, no era un Ferro de gala. Venía diezmado, con expulsiones que habían dejado huecos imposibles, (salvo para los soñadores). Y esos soñadores tenían nombres y caras juveniles, de esas que todavía guardan la magia del potrero.
El partido fue un manojo de nervios. La ida había dejado un 2-1 a favor de los de Realicó, pero la revancha golpeó: derrota 1-0 y ser de primera o no, dependía de una definición desde el punto del penal.
Ahí, donde la pelota pesa como plomo y las piernas tiemblan aunque uno las quiera firmes, apareció la historia.
Y una vez más, todo se desvanecía para los verdes de Realicó, porque comenzaron abajo por dos penales a cero, y parecía que no habría vuelta atrás, y que el destino estaba sellado para la visita. Pero allí, otra vez los pibes dieron la cara, el juvenil Moreno, le atajó a Nieto, para volver a meterse en la serie y estirar la agonía de una definición, que parecía no terminar nunca.
Y el final se comienza a visualizar cuando nuevamente apareció Julián Moreno, - si señor, el del semillero, el formado en el "Cincuentenario"- , el que se plantó frente al último penal de Cultural Argentino. Respiró, lo estudió, adivinó y Tapó el remate de Benítez.
"El grito se escuchó hasta en el cielo, donde se fundieron en un abrazo los que estaban en el "Volcán", los que quedaron en Realicó y aquellos que ya no están. Aunque aún faltaba un capítulo más, la atajada del pibe Moreno, fue la luz que iluminó el camino, la chispa de esperanza que encendió el trayecto al triunfo.
El destino final quedó en el pie zurdo de Santiago Martínez, juvenil con pasta de crack. Caminó hacia la pelota, fue como si el mundo se achicara a ese rectángulo de césped y a esos 11 metros, silencio, pasos cortos, le dio cruzado de zurda, ¡Goooool!
Ferro se quedaba con la serie, por 6-5 en los penales y mantenía la categoría. Los pibes abrazados, explotando en un grito de orgullo, lágrimas mezcladas con sonrisas. Una postal para enmarcar en el corazón de Realicó.
A veces, para escribir las páginas más lindas, no se necesitan figuras consagradas… sólo chicos valientes, una hinchada que más que público es familia y un sueño que no entiende de imposibles.