ENTRE LA LEALTAD Y EL COSTO POLÍTICO



Compartir

En el día de hoy, para nuestra sección “La Tribuna del Pueblo”, vamos a referirnos a uno de los temas que más ruido genera dentro de la actual coyuntura política nacional: la fuerte defensa pública que el presidente Javier Milei realiza sobre Manuel Adorni, aun en medio de cuestionamientos y desgaste político.

La frase de Milei no pasó desapercibida. El presidente aseguró que “prefiere perder en 2027 antes que entregar a Adorni”. Una definición extrema, cargada de lealtad política, pero que también abrió interrogantes sobre el verdadero vínculo de poder que existe dentro del núcleo duro libertario.

Porque en política nadie arriesga tanto por alguien si no hay algo más profundo detrás. Y allí aparece la lectura que cada vez toma más fuerza: Milei no sostiene a Adorni solamente por amistad, afinidad ideológica o compañerismo de gestión. Lo sostiene porque ambos forman parte del mismo esquema de construcción política, mediática y de poder.

El propio Adorni alguna vez dijo ser “una parte de Milei”. Y quizás esa definición terminó siendo más literal de lo que parecía.

En los gobiernos suele haber funcionarios que caen para salvar al líder. Fusibles. Piezas descartables. Pero en este caso Milei dejó en claro que Adorni no entra en esa categoría. No lo entrega bajo ningún concepto. Ni siquiera si eso le cuesta capital político o una futura elección.

¿Por qué?

Porque cuando dos dirigentes comparten demasiado, la caída de uno puede arrastrar al otro. Y ahí aparece una lógica muy conocida en cualquier estructura cerrada de poder: los códigos internos.

Mientras los integrantes de un espacio político se mantienen unidos, el sistema resiste. El problema aparece cuando alguno siente que lo abandonaron. Cuando lo dejan expuesto. Cuando el pacto interno se rompe.

Y es ahí donde nace el mayor temor de cualquier conducción política: que alguien empiece a hablar.

Por eso Milei protege a Adorni aun cuando gran parte de la opinión pública ya lo considera un dirigente desgastado, confrontativo y difícil de sostener políticamente. Porque entregarlo implicaría romper un vínculo mucho más profundo que el de jefe y vocero.

¿Sería romper los códigos?
Y Milei parece haber tomado una decisión: antes que correr ese riesgo, prefiere sostenerlo hasta las últimas consecuencias.
La política argentina está llena de ejemplos donde los líderes soltaron la mano de sus hombres de confianza para intentar salvarse. Pero también está llena de casos donde el miedo a lo que pudiera decir “el caído” terminó garantizando blindajes absolutos.
En ese terreno se mueve hoy el vínculo entre Milei y Adorni. No parece una relación convencional entre presidente y funcionario. Parece la lógica de dos socios políticos que saben demasiado el uno del otro.


Compartir