LOS CÓDIGOS DEL FÚTBOL Y LA DOBLE MORAL



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Por El Último Inocente

Para la sección “La Tribuna del Pueblo” de este portal, El Último Inocente propone una mirada distinta sobre el fútbol, quizás menos romántica. Una columna de opinión sobre los códigos, las contradicciones, el poder y la doble moral que muchas veces rodean al deporte más popular del mundo.

En el  fútbol se vive hablando de códigos. Los dirigentes los nombran, los jugadores los respetan, los entrenadores los exigen y los periodistas los defienden como si fueran parte sagrada del deporte. Pero pocas veces alguien se detiene a preguntar qué significan realmente esos famosos códigos.

Porque detrás del discurso del respeto, el fair play y la pasión, muchas veces aparece otra cosa:  la conveniencia.

En el fútbol se condenan algunas actitudes dependiendo de quién las haga. Un insulto puede ser escándalo o folklore según el club involucrado. Una protesta puede ser “presión” o “personalidad”. Un arbitraje puede generar indignación o silencio absoluto. La moral cambia demasiado rápido dentro de un ambiente donde casi todo parece atado al interés del momento.

Se habla de transparencia mientras los dirigentes juegan partidos paralelos en oficinas, reuniones y pasillos. Se habla de igualdad mientras algunos clubes parecen tener más peso que otros. En el ambiente existe una frase conocida: “los partidos empiezan a jugarse en la semana”. Y no se habla de entrenamientos precisamente.

El fútbol también construyó sus propios pactos de silencio. Hay cosas que supuestamente no se pueden decir. Arbitrajes que son duramente cuestionados y otros que apenas generan debate, muchas veces dependiendo del contexto, el protagonista o la conveniencia . Manejos internos que se comentan por lo bajo, pero que no exponen públicamente. El que rompe ciertos códigos queda marcado. Y muchas veces, el precio se paga dentro de la cancha.

Los entrenadores venden discursos preparados. Hablan de humildad, trabajo y sacrificio mientras puertas adentro operan, cuidan relaciones o cambian de opinión según el resultado. Las conferencias de prensa están llenas de frases de ocasión,  debido a que decir lo que realmente se piensa puede traer consecuencias.

Los futbolistas tampoco son ajenos a ese contexto. Como ocurre en muchos ámbitos de alta exposición, aprenden a convivir con presiones, silencios y códigos que forman parte del mundo del fútbol desde hace años.

Y después aparece la prensa, que muchas veces denuncia según convenga. Programas que agrandan una polémica o la esconden dependiendo del protagonista. Periodistas que hablan de independencia mientras responden a intereses políticos, empresariales o económicos. Relatos que cambian según el club, el dirigente o la relación que exista detrás de cámara.

El fútbol moderno se transformó en una industria enorme. Y como toda industria donde circulan poder, dinero e influencia, también aparecen operaciones, silencios y dobles discursos.

Quizás sea por eso que descreo cada vez más de los llamados códigos del fútbol. Porque muchas veces parecen responder más a conveniencias que a verdaderos valores.

Y tal vez ahí aparezca la doble moral del fútbol: un mundo que habla constantemente de ética, transparencia y respeto mientras demasiadas veces parece haber dos caminos entre lo que se dice y la realidad.


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