MIENTRAS LOS DE ABAJO SE PELEAN, LOS DE ARRIBA MIRAN



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La tribuna del pueblo

   A veces uno se pone a mirar lo que pasa en nuestro país y hay cosas que cuestan entender. O por lo menos cuestan  aceptarlas sin hacerse algunas preguntas.

En estos días se habla mucho de la AFA. Desde el gobierno se la cuestiona, se la acusa de corrupción y los grandes medios levantan ese tema todos los días. Sin entrar en detalles técnicos, porque la mayoría de nosotros tampoco tiene toda la información, lo que llama la atención es cómo ese tema ocupa tantas horas de discusión pública.



Mientras tanto, la vida cotidiana de la gente va por otro lado. Tarifas que aumentan fuerte, combustibles cada vez más caros y, como consecuencia, alimentos que también suben. Es decir, problemas que impactan directamente en el bolsillo de la mayoría.

Sin embargo, uno ve que muchas personas repiten casi automáticamente el discurso que se instala desde ciertos lugares de poder. Y ahí aparece una pregunta que no es nueva: ¿por qué muchas veces los sectores más humildes terminan defendiendo ideas o políticas que no necesariamente los benefician?
Hay una explicación que dan algunos pensadores: que muchas veces el oprimido termina pensando con la lógica del opresor. Es decir, se adopta una mirada donde todo gira alrededor del dinero y donde el sueño no es cambiar las reglas del juego, sino algún día poder sentarse en la mesa de los que tienen poder.
Pero la realidad demuestra que no siempre alcanza con tener dinero para pertenecer a ciertos círculos. El poder real muchas veces tiene otras raíces: culturales, sociales, históricas.
También influye mucho el papel de los medios. Cuando un tema se repite todos los días en televisión, en portales y en redes, termina instalándose como la gran discusión del momento. Y así, muchas veces terminamos discutiendo lo que otros deciden que discutamos.
Tal vez el desafío más grande sea empezar a mirar las cosas con un poco más de distancia y hacernos preguntas. No para creerle ciegamente a un lado o al otro, sino para intentar entender quién gana y quién pierde en cada discusión.
Porque si los de abajo seguimos enfrentándonos entre nosotros mientras los de arriba siguen acumulando poder, el resultado ya lo conocemos: los de siempre peleando por las migas mientras otros se quedan con la torta.
Pensar un poco más no debería ser un problema. Al contrario, tal vez sea el primer paso para entender mejor la realidad que vivimos.


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